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Usar a los inmigrantes como “chivos expiatorios” es peligroso, equivocado (y malo para nuestra economía)

Usar a los inmigrantes como “chivos expiatorios” es peligroso, equivocado (y malo para nuestra economía)

Por Drew Callaghan

Muchos estadounidenses reaccionan sorprendidos cuando se les informa que la mayoría de los indocumentados que cruzan la frontera entre México y Estados Unidos en los últimos años van hacia el sur. De 2009 a 2014, un millón de inmigrantes volvieron a México, mientras que 870.000 llegaron a Estados Unidos, según un análisis de estadísticas gubernamentales hecho por el Pew Research Center.

Por supuesto, el Presidente Trump no permitirá que esos datos modifiquen su mensaje. Durante un acto en Phoenix, Arizona, en agosto, Trump declaró que “Años de inmigración descontrolada han causado enormes presiones en los trabajos y los salarios de las familias trabajadoras… Es injusto para las personas trabajadoras de cualquier origen”.

Pero Trump lo entendió al revés. De hecho, la clase trabajadora se beneficia con los trabajos y las oportunidades económicas que proveen los inmigrantes.

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La Harvard Business Review encontró que, aunque los inmigrantes representan sólo el 15 por ciento de la población de Estados Unidos, ellos crean casi el 25 por ciento de los nuevos negocios. Y eso no se limita sólo a bodegas o negocios familiares. Según reporta The Kauffman Foundation, “más del 40 por ciento de las compañías de Fortune 500 en 2010 fueron fundadas por inmigrantes o por hijos de inmigrantes”.

Además de contribuir positivamente a nuestra economía nacional, los inmigrantes desempeñan una función crítica en estabilizar y revitalizar comunidades debilitadas. Durante décadas, las áreas rurales y las ciudades posindustriales se vieron debilitadas por la emigración. Muchas de las comunidades pudieron sobrepasar esos duros momentos gracias al influjo de inmigrantes.

Los inmigrantes le dan nueva vida a comunidades como Akron, Ohio y Storm Lake, Iowa que, al contrario de lo que sucede en ciudades vecinas, se recuperaron de sucesivos choques económicos al aceptar a los inmigrantes para llenar puestos de trabajos esenciales, comprar casas, y hacer algo elemental para que una economía prospere: comenzar un nuevo negocio y crear trabajos.

La creación de trabajos depende mayormente de la formación de nuevos negocios y los negocios fundados por inmigrantes crean nuevos empleos que generan anualmente 20 mil millones de dólares en impuestos locales y federales. Aceptar y acoger a estos inmigrantes no es solamente una cuestión humanitaria, sino que es una estrategia inteligente de desarrollo económico.

Trump y otros con una “postura dura” en inmigración han propuesto un nuevo sistema basado en mérito que invitaría a Estados Unidos sólo a “los mejores y más brillantes”. Dejando de lado las preocupaciones humanitarias, reducir el número de inmigrantes con nivel bajo de habilidades y educación parece una buena política económica, pero, una vez más, no es eso lo que dicen los datos. Los inmigrantes con menos habilidades y menos educación de hecho crean nuevos negocios a un ritmo mayor. Contraintuitivo, sin dudas, pero algunos observadores sugieren que las características de esos inmigrantes (es decir, tolerancia al riesgo, perseverancia y capacidad de resolver problemas) son ideales para los emprendedores.

Incluso si los inmigrantes no abren sus propios negocios, en el peor de los casos, tampoco afectan a la economía. Un análisis por el Instituto Cato encontró que la inmigración no tiene un impacto significativo en los salarios de los trabajadores estadounidenses. Y aunque los inmigrantes pobres al principio pueden necesitar ayuda social, Cato encontró que a largo plazo los inmigrantes acceden a beneficios públicos en un porcentaje menor que los nacidos en Estados Unidos.

Aún más, la idea que los inmigrantes y especialmente los refugiados llevan a crímenes es un mito.

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Datos del FBI de las diez ciudades de Estados Unidos con mayor cantidad de refugiados per cápita indican que en 9 de esas 10 ciudades bajaron los crímenes violentos y a la propiedad, en algunos casos, dramáticamente. En la única ciudad en la que aumentaron los crímenes, West Springfield, Massachusetts, se debió a una epidemia de opioides, producidos por corporaciones farmacéuticas, no por carteles mexicanos.

Por eso, si Trump realmente está preocupado por trabajos, salarios y familias trabajadoras, sería sabio para él reconocer las contribuciones que los inmigrantes hacen a la economía y a las comunidades de Estados Unidos.

Usar a los inmigrantes como “chivos expiatorios” alimenta resentimiento y odio, pero no promueve la prosperidad económica que Trump prometió.


Drew Callaghan es el especialista de alcance comunitario de la campaña Business Against Bigotry (Negocios contra Prejuicios) de American Independent Business Alliance (Alianza Americana de Negocios Independientes). Callaghan vive en Missoula, Montana.

Gracias a Francisco Miraval de Project Vision 21 por esta traducción.

 

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